La religión y la movilización de masas siempre han estado de la mano; quizás la necesidad de buscar una fuerza superior nos ha llevado a crear rutas, señales, momentos y encuentros en nombre de la religión.
A lo largo de la historia de la humanidad, las religiones han dejado vestigios dolorosos, pero también grandes legados. A finales del siglo XX surgió el término “turismo religioso”, el cual busca movilizar viajeros en busca de todas las maravillas que nuestros antepasados dejaron en nombre de la fe.
El destino religioso número uno en todo el mundo es la Basílica de Guadalupe, que recibe aproximadamente 20 millones de visitantes al año. En el viejo continente existe un destino imperdible que visitan alrededor de 18 millones de turistas al año: el Vaticano, que alberga el poder de la Iglesia católica y reliquias valuadas en millones de dólares, así como una de las expresiones artísticas más importantes del siglo XVI: la Capilla Sixtina, obra de Miguel Ángel Buonarroti.
Es aquí donde quisiera marcar un hito en la historia, porque mientras Miguel Ángel forjaba su legado, en el continente americano, más específicamente en México, en 1521 finalizaba formalmente la Conquista española y un proceso nuevo iniciaba en nuestras tierras: la evangelización.
La evangelización en el territorio mexica obligó a la gente a dejar el politeísmo y pasar al monoteísmo, “la creencia en un solo dios”; los conquistadores identificaron cuáles eran los templos de culto más importantes y construyeron literalmente encima sus propios templos.
Todo ese contexto es importante para comprender la importancia de sitios de turismo religioso como son iglesias y exconventos, puesto que son prueba de la imposición religiosa sufrida por nuestros ancestros, que fueron obligados a pasar por encima de sus creencias y adoptar las que les exigían los españoles.
Más de 500 años han pasado y hoy en Hidalgo podemos visitar 12 exconventos franciscanos y 20 agustinos que, sin embargo, no son todos los que se edificaron. En cada uno de esos templos encontramos ocultos símbolos prehispánicos colocados a propósito por los indígenas como símbolo de rebeldía y de fe para con sus dioses. Sin embargo, hay quien piensa que fue alguna especie de contrato social entre españoles y naturales para convencerlos de construir de manera más tersa sus templos.
Sin lugar a dudas, somos afortunados de contar con tantos vestigios históricos en Hidalgo, pero más allá de hacer una simple promoción, quiero hacer conciencia de que al visitarlos podemos valorar a nuestros antepasados, quienes dieron su vida y su trabajo para lograr una transformación social que tardó siglos para que hoy podamos visitarlos con tranquilidad y paz.

Licenciado en Administración por la Universidad La Salle; impulsor del turismo religioso en el estado de Hidalgo; activista y defensor de los derechos animales. Actualmente se desempeña como presidente del comité ciudadano del Geoparque UNESCO Comarca minera en Pachuca; director general del complejo “La Maestranza” y como presidente de la Sociedad intelectual académica de Hidalgo.

