Desde las entrañas de Atotonilco el Grande surge el mole de guajolote, que no es sólo un manjar sino el vínculo que teje historias familiares generación tras generación. Este platillo es un patrimonio culinario que se prepara con amor, preservando sabores exquisitos y una conexión única con la identidad atotonilquense.
En cada rincón de Atotonilco el Grande, el aroma del mole de guajolote anuncia la celebración en honor al Señor de Tezoquipan, ritual culinario que inicia semanas antes reuniendo ingredientes frescos para dar vida a una tradición arraigada que fusiona especias, chiles, frutas y pan tostado en una experiencia sensorial única.
Este platillo satisface estómagos e impregna las calles cercanas a la capilla con la esencia de la tradición y el deleite gastronómico. La celebración del primer viernes de Cuaresma marca el inicio de la Semana Santa, pero la magia comienza mucho antes con la cuidadosa preparación y el simbolismo del guajolote, ave que ha sido parte esencial de la cocina mexicana a lo largo de los siglos.
Preparar mole de guajolote es preservar no sólo una receta, sino un legado cultural y gastronómico de Atotonilco el Grande. Al salvaguardar esta tradición, se asegura que las generaciones futuras se sumerjan en la riqueza de sabores, aromas y técnicas culinarias que definen la identidad local, manteniendo viva la llama de esta joya culinaria atotonilquense.

Hidalguense impulsor de la preservación y difusión de la cultura del estado de Hidalgo, se ha profesionalizado en diferentes temas relacionados con la cultura, religión, historia y las artes de Hidalgo. Ha participado múltiples veces como jurado en eventos gastronómicos y artístico culturales. Actualmente se desempeña como Director de desarrollo económico, turismo y cultura, en el Ayuntamiento Atotonilco el Grande.

