Durante siglos, la humanidad ha buscado las formas más eficientes de transportar los productos más valiosos para sus civilizaciones. Basta con imaginar cómo es que Moctezuma podía poner en su mesa pescado fresco llevado desde Veracruz hasta la Gran Tenochtitlán sin ningún tipo de transporte; hasta para saquear México se debía ser sumamente inteligente: ¿cómo fue que los españoles lograron mover toneladas de oro, plata y bellos diamantes por más de 300 años? A la ruta de interconexión urbana creada para ello se le llamó “Camino Real de Tierra Adentro”.
En 1521, además de una apresurada evangelización, los españoles emprendieron la explotación de recursos en todo México, para lo cual crearon rutas que clasificaban en los caminos de tierra afuera, concebidos como caminos conocidos, por ejemplo, la histórica ruta de Veracruz al centro de México, la cual por mera geografía estaba más que estudiada; por otra parte, se tenían los caminos de tierra adentro, territorios inexplorados y que poco a poco fueron formando parte de una importante ruta llamada “Camino Real de Tierra Adentro”, que tuvo su esplendor desde el siglo XVI y hasta el siglo XIX.

La ruta abarcaba desde la Ciudad de México hasta Santa Fe, Nuevo México, pasando por Estado de México, Hidalgo, Querétaro, Guanajuato, Jalisco, Aguascalientes, San Luis Potosí, Durango y Chihuahua; 2,600 kilómetros que cruzaban por cinco grandes ciudades y sitios de vital importancia para el desarrollo del país, tales como conventos, haciendas, minas, panteones, valles, sierras y montañas. Tan grande fue su importancia que la UNESCO la reconoció como Patrimonio de la Humanidad en agosto de 2010.
El Camino Real de Tierra Adentro no sólo facilitó el paso de mercancías, sino que fortaleció los vínculos sociales entre las comunidades y permitió un mayor avance de la evangelización. Franciscanos e indígenas caminaron esta ruta en dirección al norte, avanzando cada vez un poco más buscando el tan anhelado Nuevo México, tierra legendaria para los mexicas.
Aunque hoy día estamos más que intercomunicados, debemos analizar que en aquellos tiempos el Camino Real de Tierra Adentro fue un parteaguas en la historia de México, y aunque el beneficio económico no se quedó en nuestras tierras, el intercambio cultural que propició en mucho abonó al crecimiento social del país. Debemos dimensionar lo vasto de este camino, pues en la época virreinal tan sólo recorrerlo tomaba medio año de inicio a fin y otro tanto para el regreso.
Esta ruta no sólo debe ser de amplio interés para los mexicanos, sino en especial para nosotros los hidalguenses, pues somos herederos de un amplio bagaje cultural por conducto del Camino Real de Tierra Adentro, que dejó su huella en municipios como Nopala de Villagrán, Huichapan y Tecozautla, donde se encuentra una gran cantidad de monumentos históricos, conventos, capillas, construcciones civiles, bardas históricas y sistemas hidráulicos que son legado del visionario trazo mercantil de aquel entonces.

Licenciado en Administración por la Universidad La Salle; impulsor del turismo religioso en el estado de Hidalgo; activista y defensor de los derechos animales. Actualmente se desempeña como presidente del comité ciudadano del Geoparque UNESCO Comarca minera en Pachuca; director general del complejo “La Maestranza” y como presidente de la Sociedad intelectual académica de Hidalgo.

