miércoles, 1 abril 2026

En febrero inician los carnavales que se celebran anualmente en territorio hidalguense, entre los que destacan los de las regiones serranas, del Valle del Mezquital y la Huasteca, que se inundan de máscaras, trajes, carros alegóricos, cánticos y música regional, que hacen de los carnavales uno de los eventos culturales más esperados del año.

Más allá de la algarabía que significan los carnavales, es importante analizar la importancia y la función que cumplen en la sociedad. El carnaval es la festividad previa a la Cuaresma, usualmente son tres días en los que está “permitido” cometer excesos, beber, bailar, cantar; para tal efecto se puede recurrir a un disfraz, que permite adoptar una suerte de segunda personalidad, ya sea un diablo, monstruo, algún personaje de la política o de la historia.

Los carnavales actúan como una purificación antes de los días de guarda, razón por la que desinhibirse puede resultar aún más liberador; son la oportunidad ideal para ridiculizar comportamientos, por ejemplo, de gobernantes, o diversas situaciones a las que la sociedad se encuentra sometida.

Afortunadamente, en el pasado quedaron prácticas como el sacrificio de animales, crucifixiones o daños materiales a propiedad privada, que más que liberar eran un atropello a la misma sociedad y que hace tres siglos eran comunes.

Una de las más impresionantes comparsas en los carnavales en Hidalgo es la de los “cuernudos”, surgidos en Calnali, que deben su nombre a la cornamenta que llevan en la cabeza, con ropas de vaquero y piernas de diablo, y sostienen en su mano un lazo que azotan contra el suelo. Este es tan sólo un ejemplo de lo que podemos ver en un carnaval, donde las costumbres y modos de vida de las regiones influencian los bailes y las comparsas.

En ocasiones pensamos en estas festividades culturales como un simple evento anual de una región, pero van mucho más allá: cada comunidad comparte un poco de su cultura y tradiciones, sus creencias y cosmovisión; con los bailes, los disfraces, la música y los gritos los pobladores hacen catarsis, por un momento dejan de lado toda preocupación y se atreven a ser diablos, políticos, animales o monstruos.

En los carnavales no importa si formamos o no parte de las comparsas, son la oportunidad ideal para disfrutar y bailar, para ser felices.

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